Edicion junio 19, 2026

¿Y La Guajira qué? Una pregunta para el próximo presidente

¿Y La Guajira qué? Una pregunta para el próximo presidente

Comparte

Columnista - Byron Miguel Barros Mejía
Columnista – Byron Miguel Barros Mejía

El 21 de junio, Colombia vuelve a las urnas. Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda se disputarán la Casa de Nariño. Dos propuestas, dos visiones de país, y en el medio de ese debate nacional, La Guajira como siempre, esperando que alguien la menciona más allá de la foto con la mochila wayuu y la promesa que se lleva el viento del desierto.

Publicidad

Desde esta orilla del país, desde la Guajira, uno se pregunta con legítima rabia; ¿Qué le ofrecen al departamento más olvidado de la Costa Caribe? No lo pregunto desde un escritorio. Lo pregunto desde la vivencia diaria de ver jóvenes guajiros que se forman, que se esfuerzan, que se gradúan, y que después tienen que salir de su tierra a buscar lo que aquí se les niega. No porque no sean capaces. Sino porque aquí no hay dónde.

El diagnóstico no es nuevo pero sigue sin resolverse. La Guajira tiene la segunda tasa de desempleo más alta del país. Más del 80% de sus trabajadores están en la informalidad. El mercado laboral es pequeño, la inversión privada es escasa, y el tejido empresarial es tan frágil que un profesional recién graduado tiene más opciones en Barranquilla o Bogotá que en su propio departamento. Eso no es desarrollo. Eso es abandono con otro nombre.

Y en eso, señores candidatos, la dirigencia guajira también carga su deuda. Porque no es solo Bogotá la que ha fallado. Aquí mismo, en nuestra tierra, hemos visto cómo el empleo se convierte en palanca clientelista, el cargo público en favor político y la contratación en ejercicio de rosca. El “a dedo” como método, la lealtad partidista como mérito. Mientras eso siga siendo la norma, ningún plan de desarrollo nacional va a cambiar la realidad de fondo.

Por eso le pregunto directamente a quien llegue a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto: ¿qué va a hacer con La Guajira? No con el carbón, no con el gas, no con las regalías que se pierden en el camino antes de llegar a la gente. Con los jóvenes. Con los recién graduados que no encuentran dónde trabajar. Con las familias que sobreviven en la informalidad. Con el profesional guajiro que tiene título en la mano y tiene que empacar maletas para encontrar lo que su tierra no le da.

Publicidad

La Guajira no pide privilegios ni compasión. Pide lo que le corresponde, inversión real, empleo formal, una apuesta productiva que esté a la altura del talento que este departamento produce y del aporte que hace al país. Porque es paradójico, y doloroso, que el departamento que le da gas, carbón y energía eólica al resto de Colombia sea uno de los más pobres, uno de los más informales, uno de los más olvidados cuando se habla de oportunidades para los jóvenes.

El voto del 21 de junio no lo decidirán solo las grandes ciudades. También lo decidirá La Guajira. Y a veces pienso que eso, precisamente, es lo único que nos recuerdan cuando necesitan nuestros votos. Después, el silencio.

Publicidad
Publicidad

úLTIMAS NOTICIAS

Noticias Más Leídas

Publicidad