Edicion junio 19, 2026

El outsider superará a Cepeda en más de un millón 500 mil votos

El outsider superará a Cepeda en más de un millón 500 mil votos

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Columnista - Luis Antonio Gómez Peñalver
Columnista – Luis Antonio Gómez Peñalver

En mi anterior columna de opinión dejé claro que para Colombia este junio sería histórico, y así será; el electorado, en busca de los cambios sociales profundos, ha decidido salirse del molde que por muchas décadas propuso la política tradicional y ha decidido arriesgarse. Así fue elegido Gustavo Petro, un izquierdista abiertamente radical, y así será elegido Abelardo de La Espriella, pero lo del outsider sorprende mucho más porque, aunque varios analistas llaman a la elección del izquierdista como la primera en la historia del país, podemos recordar con claridad que han sido elegidos en muchas ocasiones presidentes liberales, los cuales fueron identificados como de ideología política de centro izquierda. Esto nos muestra que hace 4 años atrás pasó lo que muchos pensaron que algún día ocurriera, pero lo de Abelardo es algo que nadie se lo esperaba.

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En este artículo no voy a darle entrada a razonamientos ambivalentes que miren con subjetividad si Abelardo será o no elegido, porque eso lo tengo claro y definido. Aquí lo que se debe analizar son los motivos que ha llevado al elector a pensar que salirse del molde puede considerarse un método para lograr cambios tangibles. En el artículo anterior habíamos dejado claro que las características de los políticos tradicionales ya no empalmaban con la visión del elector y que, por esa razón, un outsider era el favorito para ser elegido presidente. Abelardo de la Espriella, un abogado que está acostumbrado a llamar las cosas por su nombre, sin actitud psicorrígida y con un relajo característico del Caribe colombiano, de donde es oriundo, ha logrado lo que ningún exministro súper preparado y con experiencia política en décadas ha hecho: cautivar la óptica electoral de más de 10 millones de colombianos.

La mayoría de las veces relaciono la forma de hacer política electoral con el enamoramiento o la conquista que se da entre los seres humanos. Mientras la mujer da oportunidades y cree esperanzada en cambios prometidos, el hombre, en muchas ocasiones, se enreda en incumplirlos y, bajo la premisa del perdón, intenta convencerla con regalos y atenciones, sin entender que las oportunidades tienen límites y que, al llegar a pasar la delgada línea, la mujer deja de pensar en oportunidades y empieza a considerar el cambio de actor. Así es el pueblo cuando se aburre de los sectores políticos. Recuerdo hace cuatro años atrás, cuando de distintas formas el expresidente Uribe y sus colaboradores trataron de convencer al pueblo sobre no elegir al presidente Gustavo Petro, pero ante estos argumentos no existió ninguna receptividad y, de manera expedita, el electorado le otorgó el apoyo.

No estoy completamente seguro de lo que voy a afirmar, pero creo que tal vez sean dos los caminos que le esperen a la nación colombiana en los próximos años. El primero es que, si Abelardo no cumple con las expectativas, el pueblo, de tanto experimentar, decida no seguir probando y vuelva a la política tradicional. El segundo camino es que el outsider haga bien las cosas y los próximos gobiernos sean dirigidos por empresarios y actores exitosos en el sector privado. Lo único cierto acá es que el pueblo colombiano, con las decisiones que ha tomado, le está dando una lección enorme a la clase política, sin distinción de ideología. De forma coloquial, les está diciendo: “o se portan y modifican acciones o los aparto”. Seguramente, muchos analistas políticos en Colombia ya han leído el mensaje a la perfección y las modificaciones no darán espera. Esperemos que todo esto sea por el bien de la sociedad.

Recuerdo cuando, en una tertulia con varios amigos, a un mes de las elecciones de primera vuelta, les afirmaba que, si Paloma no estuviera actuando en el debate, Abelardo ganaba, logrando el 50 más 1 en primera, y que, sin lugar a dudas, en el peor de los casos, sacaba más votos que Cepeda el 31 de mayo. Y así fue; días previos a esa tertulia inicié un análisis de datos que logré conseguir en internet desde la elección de 2001, en la que el expresidente Álvaro Uribe fue elegido en primera vuelta. Estudié los contextos sociales, los valores cuantitativos en votos y los discursos que se desarrollaron en aquel entonces. Ahí entendí que en Colombia estamos sumergidos históricamente en una especie de ciclos repetitivos en donde tal vez no se repitan los actores, pero sí los discursos, las tendencias electorales y los contextos sociales. Por eso, los cambios socioeconómicos en las regiones son tan lentos.

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A partir de la tercera semana antes de la primera vuelta, en el ambiente se empezó a notar una tendencia favorable hacia Abelardo de La Espriella, situación que, según algunos analistas, obedeció a una estrategia de campaña del candidato. Afirmación con la que particularmente estoy en desacuerdo, porque a mi modo de ver las cosas, esa tendencia pertenece a un grupo significativo de electores que esperan el último mes para dar a conocer a sus más cercanos la preferencia, la cual en esta ocasión la captó el outsider. En ese momento, basado en índices distintos a las encuestas, pronostiqué de 500 a un millón de votos de diferencia sobre el candidato del gobierno nacional. Para este domingo, después del análisis hecho este fin de semana, estipulo que el candidato Abelardo de la Espriella obtendrá más de un millón 500 mil votos de diferencia sobre Iván Cepeda, teniendo en cuenta varios aspectos estudiados y excluyendo las encuestas, las cuales, les soy honesto, no les veo tanta objetividad.

Creo energéticamente que Colombia no merece una visión de izquierda radical en el gobierno nacional. Siempre he pensado que, para tener una visión social, no se necesita tener ideologías políticas; solo se requiere ser humano y tener un corazón considerado frente a las vicisitudes que tiene la gente más vulnerable. Esa historia que señala a las visiones de izquierda como las más conscientes de las necesidades sociales es una gran mentira, poco complicada, que es muy fácil entender y descubrir porque en el mundo hay muchos ejemplos. El hambre y la pobreza no tienen ideologías; son situaciones compuestas que el pensamiento colectivo las hace existir. Pero es el espíritu democrático encarnado en una sola voz la que señala el actor llamado a gobernar. En ese orden de ideas, a veces los pueblos se equivocan, pero luego reivindican.

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Este domingo ocupará en los libros de historia un lugar muy especial. Jamás en Colombia un outsider ha sido elegido presidente. Siempre los presidentes, antes de ser elegidos, han ostentado cargos públicos importantes y han sido elegidos democráticamente en otros cargos de menor rango. También en la carrera ascendente de estos ha estado la clase política tradicional observando de cerca el crecimiento. Por eso, vaticinar lo que puede ocurrir con el gobierno de Abelardo sería un despropósito. No hay ejemplos parecidos en Colombia como para realizar ponderaciones. El pueblo colombiano, como siempre lo ha hecho, elegirá desde la buena fe, esperanzado en que le cumplan.

Una vez, escuchando una entrevista que le hicieron a este candidato, se me vino a la mente el expresidente Rafael Núñez. No sé muy bien por qué, si fue su marcado acento caribe, o la composición de las características las cuales todos los costeños guardamos cierta semejanza. El difunto presidente ha sido el único colombiano que ostentó el cargo en 4 períodos. Se divorció y se volvió a casar; siendo presidente, gobernó desde Cartagena y no desde Bogotá el tiempo que decidió y ordenó la pena de muerte de un sobrino que posteriormente fue exiliado a una isla en Argentina. Solo un caribe, y todas sus mezclas, puede lograr tal hazaña.

No creo que Abelardo sea un Rafael Núñez, pero costeño de pura cepa sí es, y estoy seguro de que, para el bien de todos, va a hacer las cosas bien. Este domingo votaré por él y en 4 años vendrá otro empresario exitoso que no quiera elegirse para volverse rico porque ya lo es; llegará para cerrar con broche de oro su historia de vida, sirviéndole a la patria que lo vio nacer y crecer.

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