
38. “los incensarios de estos que pecaron contra sus almas; y harán de ellos planchas batidas para cubrir el altar; por cuanto ofrecieron con ellos delante de Jehová, son santificados, y serán como señal a los hijos de Israel”.
40. “en recuerdo para los hijos de Israel, de que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón serán como señal acerque para ofrecer incienso delante de Jehová, para que no sea como Coré y como su séquito; según se lo dijo Jehová por medio de Moisés”.
Números 16.
Los sabios toman el doloroso proceso del pecado y del castigo de Dios como moraleja para no volver a pecar. Dios manda a tomar los incensarios de bronce de los 250 que murieron quemados por fuego, para hacer planchas batidas y cubrir el altar.
Si bien fueron juzgados por sus propios pecados, sus incensarios no dejan de ser cosas sagradas por haber sido dedicados a Jehová. Todos los que vienen al altar para presentar algún holocausto, verán el altar, reconocerán la autoridad divina del sacerdote, y les servirá de advertencia para no codiciar dicho cargo, como Coré. No está bien ocultar y esconder los errores del pasado. Más importante que esto es sacar a la luz el pasado vergonzoso y arrepentirnos genuinamente.

Si no nos arrepentimos de nuestros pecados, recibiremos el juicio divino. En lugar de condenar el pecado del sacerdote Coré y sus seguidores, el pueblo murmura y culpa a Moisés y a Aarón por la muerte de estos. Provocan así la ira de Dios, quien envía una mortandad que quita la vida de catorce mil setecientas personas. Para salvar a aquellos que momentos antes habían alzado su voz para despreciarle y criticarle, Aarón pone incienso en el incensario para hacer expiación, y al fin, cesa la mortandad.
Así se manifiesta la soberanía de Dios y la autoridad de Aarón. El sacerdote es un mediador que tiene el deber de sanar y de salvar a todos en forma incondicional.
Aunque fueran nuestros enemigos, tenemos la responsabilidad de orar por el perdón de sus pecados.
La diferencia entre quien causa problemas y quien los soluciona se encuentra en ”descubrirse a sí mismo”. Aquel que reflexiona sobre su persona tras cometer un error, aprende su lección y no vuelve a cometerlo. Sin embargo, aquel que solo siente remordimiento, vuelve a equivocarse. Moisés y Aarón no se diferenciaron del pecado del pueblo, a pesar de saber que este era el causante de la enfermedad.
Tal como Nehemías oró diciendo ”yo y la casa de mi padre hemos pecado” (Nehemías 1:6), apenas Dios declara juicio, Moisés y Aarón corrieron a ellos con los incensarios para buscar redención. La clave para solucionar los conflictos no es maldecir, sino reconocer el error de uno y repararlo.
Dios no desea que no fracasemos, sino que no volvamos a cometer el mismo error.
Dios les guarde.






