
La crisis de infraestructura que enfrenta la Institución Educativa Remedios Solano no es un problema nuevo ni aislado. Durante más de ocho años, estudiantes, docentes y directivos han convivido con deficiencias que ponen en riesgo la calidad educativa y el bienestar de toda la comunidad académica. La ausencia de un transformador eléctrico, el deterioro del cableado interno, la falta de un comedor escolar y los constantes robos de bienes institucionales han convertido el día a día de esta institución en una lucha permanente por sostener el derecho a la educación en condiciones dignas.
A pesar de las reiteradas solicitudes realizadas ante la Alcaldía de Barrancas, la Gobernación de La Guajira y el Ministerio de Educación Nacional, las soluciones continúan sin llegar. La comunidad educativa asegura que las peticiones han sido constantes, pero la respuesta institucional ha estado marcada por el silencio, la demora y la indiferencia.

Frente a este panorama, estudiantes, docentes, padres de familia y personal administrativo decidieron salir a las calles y realizar un plantón frente a las instalaciones de la Alcaldía y el Concejo Municipal de Barrancas. La manifestación buscó visibilizar las difíciles condiciones en las que hoy reciben clases cientos de niños, niñas y jóvenes del municipio.
“Hoy acudimos no solo a las autoridades, sino también a quienes un día fueron estudiantes de esta institución”, expresó la comunidad educativa en un pronunciamiento público dirigido a los líderes políticos y sociales del municipio. El mensaje apeló especialmente al sentido de pertenencia de varios funcionarios y dirigentes Barranqueros formados en las aulas del Remedios Solano bajo los principios franciscanos de la solidaridad, la fraternidad y el servicio comunitario.

La institución recordó que durante más de seis décadas ha sido semillero de líderes y profesionales que hoy ocupan cargos de relevancia en la región. Entre ellos, el alcalde José Vicente Berardinelly, la personera municipal Keila Medina, concejales, líderes comunales y representantes de distintos sectores sociales.

Sin embargo, mientras el colegio continúa formando generaciones para el futuro de Barrancas, sus estudiantes enfrentan necesidades básicas aún sin resolver. La falta de energía adecuada limita procesos académicos esenciales; las altas temperaturas que hacen dentro de los salones impiden socializar las clases después de 9 de la mañana, la inexistencia de un comedor escolar afecta directamente la permanencia y nutrición de muchos alumnos; y la ausencia de medidas de seguridad ha permitido reiterados robos de equipos y bienes patrimoniales.

La protesta de la comunidad educativa no solo refleja el abandono de una institución emblemática de La Guajira, sino también las profundas brechas que persisten en la educación pública de las regiones apartadas del país. Para quienes integran el Remedios Solano, la exigencia es clara: garantizar condiciones dignas para enseñar y aprender no puede seguir siendo una promesa aplazada.
Por: Alcibiades Nuñez






