Edicion abril 29, 2026

La aritmética del 82%: el fenómeno Cepeda bajo la lupa

La aritmética del 82%: el fenómeno Cepeda bajo la lupa
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Columnista - Gonzalo Raúl Gómez Soto
Columnista – Gonzalo Raúl Gómez Soto

Colombia hoy parece un país que se mira en dos espejos distintos. En uno —el de los debates, los estudios de televisión y ciertos círculos de poder— se habla de crisis, de escándalos, de deterioro institucional. Todo se analiza, todo se discute, todo se amplifica. Pero hay otro país, menos visible, que no se detiene en esos debates. Es el de la calle, el del transporte público, el de la plaza de mercado. Y ese país está diciendo otra cosa.

Por eso la encuesta de Invamer, que ubica a Iván Cepeda con más del 40% de intención de voto, no es un error. Tampoco es una anomalía. Es, más bien, una señal. Una señal incómoda para muchos, pero bastante clara si se mira con algo de distancia. La pregunta, entonces, no es cómo es posible que esté ocurriendo. La pregunta es por qué seguimos sorprendiéndonos.

Hay una parte del país —mayoritaria— que vive una realidad distinta a la que suelen describir los editoriales. Ese país no se mide en percepciones abstractas, sino en experiencias concretas. En si el salario alcanza o no. En si hay trabajo. En si algo, por pequeño que sea, ha cambiado. Cuando se observa con detenimiento la composición social del país, el panorama se vuelve más claro:

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  • Estrato 1: 21 % 
  • Estrato 2: 32 % 
  • Estrato 3: 29 % 
  • Estrato 4: 11 % 
  • Estratos 5 y 6: 7 % 

Es decir, cerca del 82% de Colombia vive en los estratos 1, 2 y 3. Y ahí es donde se juega buena parte del país real.

Para ese sector, la política no es una discusión teórica. Es algo mucho más inmediato. Tiene que ver con lo que pasa en la casa, en el trabajo, en el día a día. Y cuando hay una percepción —real o no, pero sentida— de que el Estado ha dejado de ser completamente indiferente, el resto de las discusiones pierde fuerza. Por eso es un error reducir este fenómeno a ignorancia o a populismo. No es un voto ciego. Es, en muchos casos, un voto situado. Un voto que responde a una experiencia.

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Cepeda no está arriba porque el país no vea los problemas del gobierno actual. Está arriba porque una parte importante del país no ha encontrado en la oposición una alternativa que le genere confianza. Y, sobre todo, porque existe una sensación extendida de que ciertas propuestas suenan más a regreso que a cambio. Ese punto es clave. No siempre se vota por entusiasmo. A veces se vota por prevención. Por evitar volver a algo que se percibe como conocido y poco favorable. Ahí el voto deja de ser una evaluación técnica y se convierte en una decisión más profunda. Una toma de posición.

En ese escenario, la oposición tampoco ayuda. Hoy no aparece como un proyecto claro, sino como una competencia interna. Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia disputan el mismo espacio, el mismo electorado, casi las mismas banderas. Lo que uno gana, el otro lo pierde. Mientras tanto, del otro lado no hay dispersión. Hay acumulación. Y eso, en política, pesa.

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Pero hay algo más que no se puede ignorar. Cuando la oposición centra su discurso en conceptos como institucionalidad, procedimiento o estabilidad, muchas veces le habla a un país que no es el mayoritario. Son preocupaciones válidas, pero no necesariamente las más urgentes para quien está resolviendo lo básico. La gente no vota por modelos en abstracto. Vota por cómo esos modelos se sienten en la vida. Por eso el problema no es solo político. Es de lectura del país.

Durante mucho tiempo, una parte de la dirigencia asumió que entendía a Colombia. Pero lo que estamos viendo es que ese entendimiento era, en el mejor de los casos, parcial. Lo que muestran hoy las encuestas no es solo una ventaja electoral. Es una desconexión.

Entonces, ¿por qué Petro ganó en 2022 y por qué hoy Cepeda aparece liderando? Porque ese 82% del país sigue tomando decisiones desde su experiencia, desde lo que ha vivido y desde lo que no quiere repetir. Porque no percibe que las condiciones hayan cambiado lo suficiente como para abandonar la idea de transformación, pero tampoco encuentra en la alternativa una opción clara y creíble. En ese contexto, el voto no es solo elección. Es posición.

Y mientras esa realidad no sea comprendida, las encuestas seguirán pareciendo un misterio… cuando en realidad están diciendo algo bastante evidente.

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