
6. “¡Cantad a Dios, cantad! ¡Cantad a nuestro Rey, cantad!,
7. porque Dios es el Rey de toda la tierra. ¡Cantad con inteligencia!”.
Salmos 47.
Dios es más alto que cualquier gobernador de este mundo, y Su autoridad es temible por todos. Él es el Rey de reyes, el Todopoderoso, que someterá las naciones bajo los pies de Su amado pueblo, a quien le ha preparado una heredad. Él les prometió el éxodo egipcio y la entrada a Canáan. Estos dos acontecimientos servirán de señal para el pueblo de Dios, porque Jehová es su verdadero Rey.
La victoria y la salvación, como la heredad celestial que recibiremos, son algunos de los motivos por los cuales alabamos a Dios en gratitud. Recordar la salvación de Dios es hallar fuerzas y razones para alabarle. Debemos ser adoradores que enaltecen el nombre de Dios con gritos de júbilo y con instrumentos.
Al único que debemos adorar es a Dios. Para ”cantar con inteligencia” (v. 7), necesitamos la ayuda del Espíritu Santo. Porque por la obra del Espíritu Santo conocemos quién es Dios y confesamos que Él es nuestro Señor. La sabiduría es reconocer que Dios es nuestro Soberano y Rey. Él está sentado en el trono de santidad, y desde allí gobierna la tierra y las naciones.
Cuando le exaltamos y le adoramos, estamos proclamando Su reino, porque por la alabanza del pueblo de Dios, los incrédulos tendrán la oportunidad de conocer a su Creador. Por tanto, teniendo la esperanza de que todos los hombres vengan al conocimiento de Dios, alabamos a nuestro Rey, santo y sublime.
En este Salmo, su autor nos invita al lugar de la adoración, para alabar a Dios que es el Rey de toda la tierra y quien gobierna a todas las naciones. El culto es una respuesta a la soberanía de Dios y una celebración con agradecimiento y emoción. Así, los aplausos, los gritos, los instrumentos, entre otros, son una confesión de gratitud y alabanza a Él.
Una adoración completa es aquella que incluye tanto el temor a Dios como la alegría por estar en Su presencia. Dios, quien controla el mundo entero y quien someterá a las naciones bajo nuestros pies, es temible. Sin embargo, ese temor no es terror o miedo, sino que va acompañado de amor y de una fe perfecta.
Quien teme a Dios de corazón puede rendir un culto perfecto, basado en el amor y la confianza.
Dios, el Rey de toda la tierra y el Soberano que lo gobierna todo, es digno de alabanza.
Dios les guarde.







