
9. “Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida vana que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad. Esta es tu recompensa en la vida, y en el trabajo con que te afanas debajo del sol”.
Eclesiastes 9.
La sabiduría del hombre es limitada y nadie conoce su futuro. El Predicador declara que la vida del hombre está en la mano de Dios. Por tanto, nadie sabe si Dios les mostrará su favor.
Aunque todo es un futuro incierto, lo cierto es que la muerte les acontece a todos de la misma manera; y con el dicho mejor es perro vivo que león muerto, señala que es mejor estar vivo que muerto, porque el muerto no tiene más recompensa y cae en el olvido, pero el que está entre los vivos, tiene una oportunidad para buscar una mejor vida, antes de que sea alcanzado por la muerte. Por esta razón, damos gracias a Dios por la vida.
Si bien la muerte es un acontecimiento predeterminado para todo hombre, eso no debe causar desánimo en nosotros. El Predicador nos exhorta a comer el pan con gozo, beber el vino con corazón alegre, mantener blancos nuestros vestidos y echar perfume sobre nuestra cabeza. En el Antiguo Testamento, el vestido blanco y el perfume representan la santidad.

No obstante, aquí, sería mejor entenderlo como disfrutar de la vida. Desde la óptica del Predicador, el tiempo más importante es el presente, ya que el presente es un obsequio de Dios. Por esta razón, es bueno que nos regocijemos en Dios en el presente. La mejor decisión consiste en amar a los que queremos “aquí”y “ahora”, de esta forma nos prepararemos para “una muerte sin arrepentimiento”.
Una vida que espera la muerte, transcurre en vano. Por eso, el Predicador dice que no vivamos una vida vana temiendo a la muerte y que recordemos que estar vivos ahora es un regalo. Esto significa que debemos vivir cada instante de este obsequio entregado por Dios con alegría y gratitud.
Todo lo que existe sobre la tierra es vano, pero la vida del fiel, que teme a Dios, no lo es porque nosotros, que vivimos con fe, tenemos una recompensa eterna esperándonos.
Por lo tanto, el fiel debe vivir la vida junto a Jesús, dando lo mejor de sí, disfrutando de la vida que el Señor nos ha dado con gratitud y con gozo y alegría.
El fiel que sabe que la vida es un regalo de Dios vive con gratitud y gozo, haciendo lo mejor. Dios les guarde.






