En La Guajira inauguraron un aeropuerto donde no despegan aviones, despegan lectores. La Institución Etnoeducativa N.° 7 El Paraíso, en zona rural de Riohacha, convirtió su escuela en una terminal literaria con pasaportes, salas de embarque, aerolíneas de autores universales y una biblioteca que recibió la obra completa del escritor guajiro Víctor Manuel De Luque Vidal.
A las nueve de la mañana ya había fila para abordar en El Paraíso. Niños con cuadernos en la mano esperaban su turno con la emoción de quien está a punto de viajar lejos. Algunos sostenían pasaportes recién impresos. Otros mostraban pases de abordar con su nombre escrito. El vuelo salía desde la lectura y todos tenían destino.
En la zona rural de Riohacha, donde el viento conoce el polvo y la distancia tiene otra medida, la Institución Etnoeducativa N.° 7 El Paraíso decidió convertir la lectura en un viaje. No se trataba de una metáfora sencilla, sino una experiencia completa, minuciosa, conmovedora: un aeropuerto literario levantado en medio del territorio para recordarle a sus niños que también se puede despegar desde aquí. “Volando alto con la literatura: Aeropuerto El Paraíso”, transformó aulas, corredores y biblioteca en una terminal aérea dedicada a los libros.

Todo en la institución confirmaba que aquello era serio. Había pases de abordar personalizados, pasaportes estudiantiles, señalética de aerolínea, murales donde los niños volaban sobre libros abiertos. Carteles de bienvenida con el nombre de Gabriel García Márquez y Miguel de Cervantes convertidos en línea aérea. Una biblioteca transformada en terminal internacional del asombro. Era pedagogía pura.
Cada detalle estaba pensado para que los estudiantes entendieran que leer también es migrar de uno mismo, cruzar fronteras invisibles, aterrizar en otras vidas y regresar distintos. En tiempos donde tantas escuelas apenas resisten, El Paraíso eligió crear. Y creó en grande.

Una biblioteca que recibió literatura nacida en su tierra
Dentro de la biblioteca, entre aviones de papel suspendidos del techo, nubes colgantes y estanterías llenas de promesas, ocurrió otro hecho simbólico. La colección completa de obras del escritor guajiro Víctor Manuel De Luque Vidal fue entregada oficialmente a la institución: Andando entre relatos, Nuevas voces del Caribe colombiano, Cuentos con Alma Hispana, Días de sal y azúcar, cuentos premiados y demás títulos que resumen una trayectoria construida desde la palabra y la identidad.
Con ello, la biblioteca del Centro Etnoeducativo se convirtió en la primera en albergar de manera integral la obra de un autor guajiro contemporáneo nacido de esta misma tierra. Dicho de otra forma, las obras de Víctor Manuel De Luque Vidal aterrizaron en el Aeropuerto Literario de El Paraíso. Todo esto promovido en el marco de las alianzas por el desarrollo social, semana por La Guajira entre la fundación Evas y Adanes y Air-e Intervenida.

Y aterrizaron acompañadas de algo más importante, la posibilidad de que una niña wayuu tome uno de esos libros y descubra que alguien de su región también escribió, también soñó, también convirtió el origen en literatura.
Más que una donación editorial, para los estudiantes, encontrar en los anaqueles libros escritos por alguien nacido en La Guajira significa comprobar que la literatura también puede escribirse desde el desierto, desde la periferia y desde la experiencia cercana.

Cuando la escuela decide imaginar
En regiones donde con frecuencia se habla de brechas y dificultades, experiencias como la de El Paraíso revelan la capacidad creadora de la escuela pública rural. Aquí hubo docentes que pensaron la lectura como aventura. Hubo estudiantes que hicieron fila para entrar a una biblioteca. Hubo adolescentes escuchando hablar de libros con atención verdadera. Hubo comunidad.
Y eso sucede cuando la educación deja de limitarse al cumplimiento y vuelve a recordar que su tarea principal es despertar curiosidad, orgullo y sentido de posibilidad.

El Paraíso con este aeropuerto no convencional, inauguró una idea poderosa en voz alta:
Que desde la ruralidad también se puede volar alto.
Que una biblioteca puede ser pista de despegue.
Que un libro puede abrir más caminos que una carretera.
Y que cuando la escuela imagina, el territorio entero asciende.







