Edicion abril 11, 2026

De dónde venimos… y hacia dónde vamos

De dónde venimos… y hacia dónde vamos
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Columnista - Natalia Gaviria Castellanos
Columnista – Natalia Gaviria Castellanos

Hay generaciones que nacen en medio del cambio. La nuestra fue una de ellas.

Los años 80 marcaron un punto de quiebre: la mujer empezó a entrar con fuerza al mundo laboral y profesional. Ya no como una excepción, sino como parte activa de una nueva realidad que empezaba a tomar forma.

Pero ese avance no fue fácil. Vino acompañado de un mensaje que muchas entendimos sin que nos lo dijeran directamente: sí, podemos… pero nos va a costar.

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Y crecimos con eso.

Aprendimos a ser capaces, pero también a no incomodar. A ser independientes, pero con medida. A ser firmes, pero sin dejar de vernos “suaves”. Una especie de equilibrio constante que, aunque nos fortaleció, también nos exigió más de la cuenta.

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Por eso no es casualidad que muchas mujeres de nuestra generación sean tan preparadas, tan resilientes y tan determinadas… pero también tan autoexigentes. De las que sienten que siempre tienen que dar un poco más, demostrar un poco más, sostener un poco más.

En ese contexto, avanzar nunca fue solo crecer. Fue, muchas veces, un acto de valentía.

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Y aun así, muchas lo hicieron. Abrieron camino sin esperar condiciones perfectas, sin discursos de moda, sin garantías.

Como mi tía, María Emma Gaviria, que en los años 90 decidió hacerse un lugar en el mundo del deporte cuando hablar de liderazgo femenino o equidad de género no era común. Lo hizo con disciplina, con carácter y con una convicción que hoy cobra aún más sentido. Gracias a mujeres como ella, muchas no empezamos desde cero.

Porque este proceso ha sido así: una abre camino, otra lo sigue… y muchas más lo ensanchamos.

Hoy eso se nota. Se siente. Está en más espacios de los que antes imaginábamos.

Y no solo en lo cercano. También en escenarios que antes parecían lejanos, incluso imposibles.

La misión Artemis II es un buen ejemplo de eso. Más allá de lo técnico, lo que realmente impacta es lo que representa: hoy las mujeres no solo están participando, están llegando a la Luna.

Y no es simbólico. Es real.

Hay mujeres liderando desde tierra, tomando decisiones clave, sosteniendo misiones de este nivel. Y también hay una mujer mujer dentro de la nave, siendo parte directa de ese momento histórico.

Y eso cambia la forma en que vemos todo.

Porque ya no se trata solo de abrir espacios o de demostrar que podemos. Se trata de vernos ahí. De saber que esos lugares también nos pertenecen.

Es entender que sí, podemos soñar en grande… pero, sobre todo, que podemos llegar.

Y tal vez eso es lo más importante de todo este camino: que ya no estamos empezando.

Estamos avanzando.

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