Edicion abril 1, 2026
ESTA ES LA PASCUA DEL SEÑOR
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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

11. “Lo habéis de comer así: ceñidos con un cinto, con vuestros pies calzados y con el bastón en la mano; y lo comeréis apresuradamente. Es la Pascua de Jehová”.

Éxodo 12.

Hasta aquí, el pueblo de Dios no había tenido que hacer nada especial, porque Dios los protegía. Pero, en la última plaga, cuando Dios mataría a todo primogénito egipcio, Dios ordenó al pueblo de Israel, que se preparase de manera muy especial, para que la muerte y la plaga pasaran de largo ante sus casas. Debían matar un cordero, y pintar con la sangre los dos postes y el dintel de la casa, donde la familia comería la carne asada.

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Dios explicó de manera muy muy detallada los estatutos que debían guardar en la Pascua, cómo debían escoger el cordero cómo cocinarlo y cómo comerlo. Tener como padre a Abraham, a haber sido circuncidado o guardar los ritos religiosos, no garantizan la salvación.

Podemos alcanzarla, cuando dejamos de lado las formas y los pensamientos humanos, y seguimos la Palabra de Dios con fe sincera.

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Lo único que divide el juicio, de la salvación, es la sangre del cordero.

En la última plaga, Dios hirió a todo primogénito en Egipto. Pero los primogénitos de Israel, que estaban en las casas con los postes y dintel marcados con sangre del cordero, fueron salvos. El pecado del hombre no se elimina con educación o instrucción. Sólo por la sangre preciosa de Jesucristo, el Cordero de Dios, el pecador puede ser libre de la muerte y maldición. El hombre corrupto puede librarse del poder del pecado con la sangre de Jesús, y obtener el verdadero reposo. Sólo Jesús nos libra de la potestad y el castigo del pecado.

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”No hay justo, ni aun uno”, pues todos los hombres “pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 13:10,23), mas el que pone su fe en Jesús, quien nos redimió por Su muerte en la cruz, éste alcanza la justicia de Dios.

Dios dijo que no se debía comer carne con sangre (Gn. 9:4), porque ahí estaba la vida. Dios puso la ”vida” en la ”sangre”. La más histórica del mundo es la milagrosa sangre de Jesús, que salvó a la humanidad de la muerte eterna. Los que, por fe, son bañados con la sangre de Cristo, pueden servir a Dios plenamente. Es la sangre del sacrificio que cargó el pecado del mundo, y es la sangre de vida, que nos da la vida eterna a quienes éramos dignos de muerte.

La sangre de Jesucristo, el Cordero del sacrificio, puede darnos paz y esperanza en este mundo, lleno de frustración, desesperación, dolor y depresión. La sangre de Jesús tiene el poder para ganar el mundo. Su sangre nos libera. Ningún poder o autoridad del mundo puede superar el poder de Su sangre. Podemos recibir la vida eterna mediante el precio que Jesús pagó con Su sangre en la cruz.

Es por eso que nosotros, quienes recibimos la vida eterna, cómo regalo, debemos buscar las almas que están muriendo, para compartir con ellos la vida de Jesús.

La sangre de Jesús, el Cordero de Dios de nuestra Pascua, nos salvó del juicio y la muerte.

Dios les bendiga y les guarde.

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