Edicion febrero 20, 2026
MIRE A JESÚS
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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

3. “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”.

Hebreos 12.

Jesús es el principio y la perfección de nuestra fe, el ejemplo por excelencia que debemos imitar. Por el gozo puesto delante de Él, sufrió la cruz, menospreciando el oprobio y considerando el deleite de la obediencia. No se dejó vencer ante la aflicción de las potestades del mal, hasta alcanzar la victoria final. Después de obedecer, Jesús se sentó a la diestra de Dios. Él es fiel y un ejemplo para todos nosotros en cuanto a la paciencia.

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Cuando obedecemos y aceptamos con gozo la aflicción, imitamos la perfección de Jesús. Toda su vida fue obediencia a Dios (Heb. 5:8-10; 10:5-10). La fidelidad de da a conocer por medio de la obediencia.

Así como Jesús se entregó a si mismo por la humanidad, nosotros también debemos alcanzar la perfección, esperando en el gozo de Dios y superando la aflicción con paciencia y obediencia.

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Los padres toman la vara de la disciplina con amor, esperando encaminar a sus hijos correctamente. De esta manera, el Padre nos enseña y disciplina, por medio de la aflicción. Esta disciplina no es consecuencia del odio ni del rencor, sino que es provechosa porque nos santifica, nos acerca más a Dios y nos enseña a obedecer.

Esto quiere decir que la disciplina evidencia que somos hijos de Dios. Por eso, debemos aceptarla con paciencia y reaccionar con obediencia. El fruto de la disciplina es la justicia y la paz.Aunque estemos en aflicción, pongamos nuestros ojos en el amor de Dios y en sus galardones, para que podamos obedecer a Su Palabra con fe y paciencia.

La vida de fe es como una carrera en la que se espera que lleguemos a la meta. Para tener éxito en ella, primero debemos eliminar todo pecado y obstáculo. Cuando debemos correr largas distancias, lo importante es tener la mirada fija en la meta. Por lo tanto, debemos poner nuestros ojos en Jesús, el objeto de nuestra fe.

En el proceso de la carrera de la fe, necesitamos entender que la aflicción que sufrimos los cristianos es evidencia de que somos hijos amados para Dios.

De este modo, cuando Él nos discipline y estemos acongojados, debemos hallar la lección que Él desea darnos y obedecer a Su voluntad, ya que la tribulación nos hace santos y nos guía hacia una vida que da frutos de paz y justicia.

Si esperamos en Jesús, recordando su paciencia y su obediencia, podemos superar cualquier aflicción.

Dios les guarde.

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