“Hasta pena me da la jugada, el truquito, la maroma…” – Ahora me da pena, Henry Fiol.

Es un tipo que no tiene barreras para escalar en la política. Ha estado en el liberalismo, el Centro Democrático, La U, Cambio Radical, la ADA, el Pacto Histórico y La Fuerza de la Paz. Se llama Roy Barreras: sin barreras para las maromas, truquitos, jugadas debajo de la mesa, trapisondas y zancadillas políticas. Es un “camaleón” de la política que cambia de color según el sol que más alumbre; un oportunista que ha elevado el transformismo a la categoría de estrategia política eficaz. Lo que lo hace poderoso y, a la vez, peligroso, es su maestría para moverse en todas las aguas.
Roy siempre está donde se reparte el queso. Empezó en el uribismo más radical, siendo el escudero de la seguridad democrática; tan estrecho fue su vínculo con Álvaro Uribe que lo puso de padrino de uno de sus hijos. Pero en la religión de Roy, el poder está por encima de los sacramentos. Cuando el viento cambió, no tuvo reparos en darle la espalda a su compadre y saltó con una agilidad envidiable al barco del santismo. Allí cambió el camuflaje por la paloma de la paz, convirtiéndose en el gran operador del Congreso.
Para el “camaleón” no hay contradicción ideológica en sus posturas porque los principios son accesorios que se combinan según la temporada. Del “no pasarán” contra la izquierda, terminó siendo el director de orquesta del Pacto Histórico, logrando que los mismos que antes lo señalaban como el símbolo de la “vieja política” terminaran aplaudiendo sus jugadas maestras para aceitar la maquinaria legislativa.
Petro le ha pagado con creces su “lealtad”, nombrándolo presidente del Senado y luego embajador en Londres, cargos que lo han apalancado hacia su gran objetivo: la presidencia. Roy vive de la política y en ella se mueve como tiburón voraz. Astuto y ambicioso —dos cualidades maquiavélicas que lo definen bien—, ha sabido jugar en el complejo ajedrez nacional moviéndose como un alfil.
Por eso no participó en la consulta de octubre pasado, esperando para colarse ahora en la de marzo. Jugó a no quedar impedido, como Iván Cepeda, para buscar más votos que este, dejarlo en el camino y coronarse, finalmente, como el candidato único de la izquierda.

Si alguien es inteligente y un consumado maestro para dar cátedra de politiquería, ese es Roy (al lado suyo, Benedetti es un enano). Ahora, el gran maestro se prepara para darle jaque mate a Cepeda sacando más votos en la consulta de marzo y, como pintan las cosas, los vientos soplan a su favor.
Roy tiene más amigos que Cepeda en la vieja clase política dispuestos a ponerle votos; y para lograrlo, cuenta con Petro, que no dejará de aceitar la maquinaria con esa dulce mermelada que tanto gusta a los políticos, fulminando al que hasta ahora se creía el “Rey” Cepeda. Esto terminará fraccionando a la izquierda, pues Cepeda no se tragará ese sapo y ya anunció que irá hasta la primera vuelta.
Será una contienda electoral entre los partidarios de Cepeda y los de Roy. En el progresismo más ortodoxo, algunos líderes como Camilo Romero, Gustavo Bolívar y María José Pizarro, entre otros, han alzado su voz diciendo que Roy no los representa; pero el “camaleón” saldrá victorioso como siempre, a pesar de que lo tildan de “traidor”.
Políticos como Roy son la prueba de que no hay partidos, sino empresas electorales que reparten avales según sus intereses; eligen candidatos sin respetar las reglas del juego democrático y eliminan oponentes sin defender principios ideológicos. Subsisten de los beneficios que obtienen de quien gobierne; por eso no les importa aliarse con el diablo.
Apoyaron a Petro conociéndolo y sabiendo las consecuencias que su elección tendría para la democracia; hoy, víctimas de su propia “criatura”, buscan cómo recuperar el poder. Sin embargo, algunos vanidosos, por puro ego y sin posibilidades de ganar, pueden facilitar el camino a la izquierda para que se atornille en el poder. Al final, dividiendo es como ellos ganan.
Por supuesto que a Roy no le da pena —como canta Fiol— la jugada, el truquito o la maroma. Él representa lo mismo y a los mismos, y no será quien logre el cambio que Colombia necesita. Su última movida es proponer a Petro como su Vice.
Tiene que venir alguien por fuera de la política tradicional, una figura nueva, con carácter y determinación para hacer lo que debe hacerse: que recupere la seguridad, la economía, genere empleo y desarrollo, y busque la paz dentro del marco del respeto a la Constitución y la ley.
Ese personaje tiene nombre propio, es bien conocido: es un outsider. En las próximas presidenciales hay que votar responsablemente, pensando más en los intereses superiores de la patria para salvar la democracia y asegurar la libertad.






