Edicion febrero 25, 2026
LA VIDA SAGRADA DEL BENDECIDO
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Rvdo. Robinson Mejía Iguarán
Rvdo. Robinson Mejía Iguarán

1. “Por lo tanto, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro verdadero culto”.

Romanos 12.

Pablo describe la consagración de los creyentes como un sacrificio vivo. Los que hemos sido redimidos debemos presentar nuestro cuerpo como sacrificio vivo, agradable a Dios. Este es nuestro verdadero culto. Por cuerpo abarca nuestra vida y conducta. No ofrecemos culto a Dios solo en el templo de la iglesia, sino en cada área de nuestra vida, que se transforma en un altar de adoración a Dios. La oración de bendición que marca el término de un culto congregacional, da comienzo a otro culto, en las diferentes áreas de nuestra vida. El mundo contaminado por el pecado no es digno de imitar.

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Nosotros obedecemos la Palabra de Dios. Ciertamente la Palabra renueva nuestro corazón y nos guía a la santidad.

La verdadera consagración es obedecer a la voluntad de Dios que es siempre buena, agradable y perfecta.

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Dios nos llamó a formar parte de un solo cuerpo. Pertenecemos a diversas etnias, trabajo, hobby, temperamentos y capacidades, pero somos un cuerpo en Cristo. Como creyentes, es importante que seamos de edificación para nuestra comunidad. Y para esto, no podemos tener un concepto más alto de nosotros mismos que el que debemos tener. Pensar yo soy imprescindible o yo soy el mejor atenta contra la comunidad.

Pero el que piensa de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios le ha dado, edifica a su iglesia. Dios reparte a cada persona dones como de la profecía, de servicio, de enseñanza, de exhortación, de repartir bienes, de presidir (liderazgo) y el don de la misericordia.

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Cumplamos, pues, con nuestro llamado con gratitud y consagración, y no con comparación y competencia.

Nuestra vida debe ser una adoración espiritual. Esto significa reaccionar con una actitud digna de la voluntad de Dios en todo momento y lugar, trascendiendo momentos y lugares especiales. El fiel debe tener una vida que alegra a Dios, discerniendo Su voluntad y sin seguir los valores del mundo. Además, debe utilizar correctamente el don que Dios le dio para la comunidad.

Los dones no son herramientas para alardear, sino que son para cumplir la misión que Dios nos encomendó.

La adoración espiritual que el fiel debe presentar es siguiendo la voluntad de Dios con todo su ser, edificando la iglesia, que es el cuerpo del Señor, con los dones que cada uno recibió y alcanzando la unión entre ellos.

El fiel que conoce la gracia de la salvación, adora con una vida pura y sirve a la iglesia con el don que recibió del Señor.

Dios les guarde.

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