
12. “Aquí está la perseverancia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”.
Apocalipsis 14.
El capítulo 14 toma un giro inesperado. Juan ve en visión al Cordero y a los 144.000 de pie sobre el monte de Sión. Ellos cantan un cántico nuevo al Cordero que venció que resuena en todo el universo. Esto se contrasta con la guerra espiritual de los capítulos 12 y 13. Aunque el dragón y las bestias persiguen y matan al pueblo, prevalecerán temporalmente. El dragón, lleno de ira, pretende hacer guerra contra el pueblo de Dios (Ap. 12:17), pero el Cordero y Sus seguidores están de pie sobre el monte Sión. Los 144.000 que acompañan al Cordero son los que han guardado su pureza espiritual.
El Cordero comienza el juicio. Los victoriosos son el Cordero y el pueblo de Dios; la victoria ya está determinada.
Se desarrolla otra historia que termina con un giro inesperado. Tres ángeles anuncian el mensaje de juicio. El dragón y los idólatras de la bestia han perseguido y matado a algunos creyentes, y se jactan de haber alcanzado victoria. Podrán haber prevalecido temporalmente, pero su derrota será eterna.

El primer ángel proclama que la hora del juicio ha llegado y anuncia a viva voz: “¡temed a Dios y dadle gloria!”. El segundo ángel anuncia la caída de Babilonia. Los capítulos 17 y 18 vuelven a tratar este tema con mayor profundidad. El tercer ángel declara que los que adoran a la bestia y a su imagen, y han recibido su marca, serán atormentados con fuego y azufre por los siglos. Esta es la razón por la que debemos perseverar y guardar la fe y los mandamientos de Dios.
La vida de fe se sigue de la aflicción y la persecución, debido a que las fuerzas que rechazan la verdad del evangelio eterno y atacan a Dios ponen a prueba al fiel. Sin embargo, la gracia del Señor que sostiene al fiel es mucho más grande que la tentación de Satanás que busca derribarnos. El sufrimiento en la tierra es solo temporal.
Por eso, el fiel debe vivir anhelando el cielo, manteniendo siempre abiertos los ojos de la fe. Debe rechazar firmemente la tentación de la idolatría y el pecado que nos invaden como las olas y elegir la vida del pueblo de Dios. A quien conserva la pureza espiritual hasta el final, aun en medio del sufrimiento y la persecución, con paciencia y sin perder la fe, le espera el verdadero consuelo de Dios y una gran recompensa.
El fiel que anhela el cielo eterno protege la pureza espiritual, y la fe y la Palabra con la paciencia. Dios les guarde.






