
La violencia contra la mujer constituye un problema que trasciende fronteras y afecta a millones de mujeres en todo el mundo, en Colombia, la situación es particularmente preocupante, cifras impresionantes reflejan la magnitud de esta problemática, un informe de la Defensoría del pueblo nos dice que entre el periodo de enero a mayo del 2025 detalla en el informe feminicidios, violencia intrafamiliar, delitos sexuales, trata de personas y explotación sexual; siendo las regiones con mayor índice de reportes, Atlántico, Antioquia, Magdalena, Valle del Cauca y Bogotá, el problema central que se aborda en este estudio radica en la persistencia de la violencia de género en el país, pues a pesar de los avances normativos y las estrategias institucionales desplegadas, se ha registrado un aumento alarmante en los delitos sexuales, un total de 30.882 casos reportados en 2024 (9,1% más que en 2023) y una tasa de 58,6 casos por cada 100.000 habitantes, se estima que más del 81% de las víctimas de estos delitos son mujeres, y los más frecuentes incluyen actos sexuales con menores de 14 años y acceso carnal abusivo con menores de edad, según datos de la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres mujeres ha experimentado violencia física o sexual a lo largo de su vida.
Como mujer, hoy decido abordar este tema contextualizando informes y cifras para enfrentar este fenómeno desde todas las instancias de la sociedad, el 25 de noviembre, las calles de muchas ciudades se convierten en escenarios donde se expresan y reviven historias que permanecen en la memoria colectiva, esta fecha, marcada por el dolor, la indignación y la resistencia, corresponde al día Internacional de la No Violencia contra la Mujer y las Niñas, es una jornada que invita a enfrentar de manera directa una realidad que, aunque dolorosa, no puede seguir siendo ignorada, las huellas de la violencia permanecen indelebles en la vida de las mujeres y niñas que la han tenido que vivir esta dura realidad.
Aun en medio de todos los avances del siglo XXI, la violencia de género persiste como una sombra que acecha hogares, escuelas, espacios públicos y redes sociales, las cifras estremecen; mujeres y niñas violentadas, silenciadas y obligadas a sobrevivir en entornos que muchas veces no les ofrecen protección, las historias se multiplican, aunque los titulares de los periódicos a veces parecen repetirse, detrás de cada relato hay un nombre, un rostro y una vida marcada para siempre por estas experiencias que impactan y transforma la vida de quienes sufren esta situación, para la Guajira es una tarea constante la eliminación de la violencia contra la mujer, desde mi perspectiva lo asumo a que el matriarcado influye de manera esencial, por lo general se presentan casos en la región, pero las cifras no son las más altas en los estudios de mediciones nacionales.
Colombia ha implementado leyes importantes para la protección de las mujeres, como la Ley 1257 de 2008, que crea normas para prevenir, castigar y erradicar la violencia contra las mujeres y protege especialmente a las víctimas, además, se promueve la política de «Vivir Sin Miedo», que busca poner fin a la violencia contra mujeres y niñas en el país, el 25 de noviembre también es un día de luz, en las plazas y parques, las voces de las mujeres se alzan, tejidas por la sororidad y la esperanza, Madres, hijas, hermanas, amigas; todas marchan, cantan, escriben y denuncian, levantan pancartas con consignas que claman por justicia, igualdad y respeto, en cada paso, en cada grito, resuena la convicción de que la violencia no puede ser el destino de ninguna mujer en sus diferentes edades y etapas de su vida, eventos y campañas impulsadas por la ONU mujeres, en consecuencia se ha derivado el día naranja que busca generar conciencia, sobre los derechos, deberes y los valores que nos rigen desde nuestra formación en los hogares.

Este 25 de noviembre, mujeres sobrevivientes de violencia comparten sus testimonios, contribuyendo a motivar a otras para que no permanezcan en silencio, escritoras, artistas y activistas canalizan sus experiencias transformándolas en manifestaciones artísticas, literarias y musicales, cuyas expresiones promueven la conciencia y el empoderamiento intergeneracional, estos relatos evidencian que, pese a los desafíos, la resiliencia y la dignidad pueden prevalecer ante la adversidad, y que guardar silencio no constituye la mejor opción, los municipios, a través de las personerías municipales y casas de justicia, ofrecen atención inmediata y cuentan con protocolos y rutas de prevención; sin embargo, se identifica la necesidad de una secretaría de la mujer, cuya implementación permitiría desarrollar programas y acciones específicas orientados a reducir los indicadores estadísticos de violencia.
La lucha contra la violencia de género no es solo una tarea de quienes la sufren, es un compromiso social, un deber colectivo, familias, instituciones, gobiernos y coque enes deben asumir la responsabilidad de educar con amor, de ofrecer refugio y justicia, de romper el círculo del silencio y el miedo, porque la indiferencia también hiere, el cambio solo es posible cuando toda la sociedad se involucra y se hacen visibles problemáticas sociales que desencadena la violencia, el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer y las Niñas es más que una fecha conmemorativa; es una invitación urgente a construir un mundo donde el respeto, la solidaridad y la empatía sean la norma, es una promesa de que ninguna niña crecerá temiendo por su vida, que ninguna mujer será silenciada por alzar la voz, es nuestro deber promover el respeto en el hogar, los colegios y el trabajo, acompañar a quienes han sufrido violencia sin juzgar, brindando apoyo con acciones que nos permitan educar a las nuevas generaciones, la violencia de género debe ser erradicada, las mujeres somos voces invencibles que resisten, demostrando que en medio de la adversidad hay esperanza, pero sobre todo sororidad, con sentimiento cultural y de pueblo, mi opinión para ti.






