
3. “El crisol es para la plata y el horno para el oro, pero Jehová es quien prueba los corazones”.
Proverbios 17.
Debemos buscar las cosas que son esenciales; y que haya paz en un hogar. Es mejor comer un bocado de pan seco y en paz que una casa de contiendas llena de provisiones. Andemos con sabiduría.
El siervo prudente se impondrá al hijo indigno y con los hermanos compartirá la herencia. La aflicción es para probar corazones. Así como el crisol y el horno purifican la plata y el oro, Dios prueba nuestro corazón. Debemos tratar al prójimo con respeto, porque son creación de Dios. Si escarnecemos al pobre y nos alegramos de su desgracia, seremos castigados por el Hacedor. Debemos pasar tiempo en familia, y de calidad. Los nietos pertenecientes a este contexto son corona de los viejos, y honra de los hijos sus padres que han trabajado arduamente para sustentar a su familia.
Hay veces que los diferentes problemas que padecemos en el mundo se solucionan con facilidad cuando damos algunos sobornos: “Como un talismán es el soborno para el que lo practica: dondequiera que va, halla prosperidad” (Prov. 17:8). En medio de este contexto en el que es común dar y recibir sobornos, los creyentes deberán escoger entre dos caminos que se le presentan por delante. Tendrán que escoger si mentir o hablar verdad. El pasaje bíblico señala que no conviene que el príncipe (gobernante) diga mentiras.

También debemos escoger entre mantener una relación con madurez o destruirla. El que encubre la falta de otros, alimenta la relación con otros con amor. No así el que la divulga, porque destruye relaciones. A veces, debemos decidir si aconsejar al inteligente o al necio. Debemos tomar decisiones correctas con el parámetro de la Palabra, porque estas determinan el curso de nuestra vida.
Así como el oro puro se extrae en el fuego bien alto, Dios moldea el corazón del hombre con la aflicción. La aflicción nos pone a prueba para que eliminemos el pecado y tengamos la sabiduría de Dios. La sabiduría obtenida de esa manera es sagrada, carece de prejuicios y mentiras.
Es una sabiduría que confía en el Dios de la justicia, en vez del soborno, persigue la misericordia y la paz, y da fruto de justicia. Dios desea que vivamos con la sabiduría que “es de lo alto”, que pertenece al cielo (Santiago 3: 17-18). Cuando vivamos siguiendo una sabiduría como esta, podremos seguir por el camino correcto y gozaremos de la paz desde la ayuda del Todopoderoso.
El fiel que posee la sabiduría genuina indica y hace cosas adecuadas en todo momento. Dios les guarde.






