Edicion febrero 27, 2026
JESÚS MURIÓ EN LA CRUZ
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Pastor ICBF Riohacha - Robinson Mejía Iguarán
Pastor ICBF Riohacha – Robinson Mejía Iguarán

33. “Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda”.

Lucas 23.

Los cristianos debemos interesarnos más en la salvación de las almas que en nuestra seguridad. Si tenemos actitudes egoístas, nunca podremos ser verdaderos obreros del reino de Dios. Jesús es crucificado y muerto injustamente, junto a criminales. Aun en medio de tanto dolor, Él ora por los que buscan Su muerte, porque “no saben lo que hacen”. Jesús no presenta ninguna defensa a Su favor.

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Los soldados se reparten Sus vestidos y, junto con el pueblo, se burlan diciendo: “Si eres el Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo”. Jesús soporta todas estas cosas en silencio. Hasta el último aliento de su vida, pide por la salvación de los que lo crucifican. Como cristianos, necesitamos ser severos con nosotros mismos, y generosos con los demás. Debemos desechar el egoísmo y amar a los demás para ser luz y sal de este mundo.

Si ponemos nuestra confianza en Dios y oramos a Él hasta el final, pueden ocurrir milagros. Dos malhechores se encuentran colgados al lado de Jesús. Uno de ellos maldice al Señor aun en su muerte, y se burla diciendo: “Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero, el otro malhechor lamenta la muerte injusta de Jesús, reconoce sus pecados y le pide que le conceda salvación.

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Ambos son malhechores y pronto han de morir en la cruz, pero después de la muerte sus destinos serán diferentes. El primero irá al castigo eterno, y el segundo recibirá la vida eterna con Jesús. La posibilidad de ser salvos está vigente hasta el último instante. Debemos predicar el evangelio con insistencia aún a la persona que está en sus últimos momentos de vida. Dios derrama Su gracia y amor hasta el final, anhelando que todas las personas reciban salvación.

La crucifixión es uno de los castigos más espantosos y crueles en toda la historia de la humanidad. En esta forma de ejecución, dejaban desnudo al acusado, le clavaban las manos y los pies al madero, y horas después, le quebraban los huesos para que terminara de morir. En el proceso, el cuerpo perdía líquido y sangre hasta que finalmente llegaba la muerte. Era una pena extremadamente dolorosa.

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La muerte de Jesús en la cruz fue exhibida públicamente a todo el mundo. Dios hizo pública la dolorosa muerte de Su único Hijo Jesús. Todo el mundo debía ver y conocer este hecho, porque la verdad de que Jesucristo (quien no tenía ningún pecado) había muerto por toda la humanidad, era una buena nueva de salvación que debía ser transmitida a todo el mundo. Los dos brazos de Jesús extendidos sobre la cruz, son los brazos abiertos de nuestro Padre, que nos invita a todos a recibir Su salvación.

“¡Vengan todos a mí! Yo soy la entrada hacia la vida. ¡Superen esta cruz a través de mí y entren por la puerta de la salvación!”. La cruz de Jesús es la invitación para todos los pecadores. Que el amor del Señor, que extendió Sus brazos en la cruz por amor, esté siempre con nosotros.

Al sufrir y morir en la cruz, Jesús abrió el camino de la salvación para toda la humanidad. Dios les guarde.

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