
17. “Pero el que se gloría, gloríese en el Señor.
18. No es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.
2 Corintios 10.
Nuestro parámetro es la Palabra de Dios. Los falsos maestros se alababan a sí mismos, enalteciéndose por sobre los demás. Cualquiera que se mide con sus propios parámetros, cae en la soberbia; pero el que se mide con la Palabra, se halla pecaminoso y adopta la humildad. El hombre de Dios no se gloría desmedidamente.
Pablo predicó el evangelio de Cristo conforme a la voluntad de Dios, incluyendo la evangelización de los gentiles. Fiel a los límites establecidos por Dios, siempre se cuidó de no sobreedificar en trabajos ajenos, y así se levantó la iglesia de Corinto. Dios, en Su soberanía, establece los límites ministeriales para los que predican el evangelio y, cuando obedecemos y nos atenemos a ellos, podemos ver hermosos frutos.
Nuestro parámetro de juicio no debiera ser según nuestro propio parecer, sino conforme al parecer de Dios. Nosotros los creyentes no debemos jactarnos de nosotros mismos, sino solo de Cristo y de su cruz.

Si de algo hemos de jactarnos, para hablar de Cristo con motivos de evangelización, que sea con humildad delante del Señor. Recordemos que, cuando anunciamos el evangelio, podemos gloriarnos en el Señor, para transmitir la gracia y el poder de Dios. Y todos los que se glorían en el Señor, seremos elogiados por Dios en el reino de los cielos.
No está bien usar nuestra propia vara para medirnos, ya que el referente siempre debe ser Jesús, quien se rebajó al punto de dar su vida por nosotros. Los falsos apóstoles atacaron a Pablo poniendo en evidencia sus debilidades y criticándolo. También buscaban gloriarse en todo lo que él había hecho.
Cuando uno intenta enaltecerse a uno mismo es porque necesita desesperadamente ser reconocido por los demás. Dios es el único que conoce nuestros esfuerzos y nos felicita. Y el premio eterno del fiel no es alabarse a sí mismo ni recibir cumplidos de los otros, sino el reconocimiento de Dios. Por lo tanto, todo aquel que busque gloriarse, que se gloríe en el Señor y por la gloria de Dios.
El falso siervo se alaba a sí mismo, el verdadero exalta solo a Jesús. Dios les guarde.






