
Fue en una conversación espontánea con el brillante director de Cultura del Departamento de La Guajira, José Emilio Sierra Arguelles, quien se dio la pela para hacer realidad cada una de las instrucciones del gobernador Jairo Aguilar, que surgió con absoluta claridad un nombre que merecía ser destacado: Doménico Restrepo. Millo, como cariñosamente le llaman en Riohacha al entusiasta líder cultural, lo mencionó con admiración genuina, como se habla de los pilares silenciosos que sostienen una obra grande sin pedir nada a cambio. De inmediato respondí como suelo hacerlo “Ah, Doménico… como los zapatos”, un chascarrillo que a él no le hace mucha gracia, pero que para mí siempre será una forma cómplice de reconocer su paso firme, su huella clara, su presencia constante.
Doménico no necesita reflectores. Maicaero de origen, pero ciudadano del arte universal, ha dedicado más de 12 años de servicio fiel al Festival Francisco el Hombre, no como una tarea laboral, sino como una misión cultural, espiritual y técnica que honra la grandeza del Caribe colombiano.
Su papel como productor ha sido mucho más que organizar equipos y montar tarimas, es responsable de la producción de campo, de orientar conceptualmente el festival, de cuadrar la programación musical, de asesorar a la dirección general en aspectos estratégicos, y de garantizar que el evento mantenga calidad, identidad y sentido año tras año. Ha sido el libretista de los presentadores en las trasmisiones por Telecaribe, moldeando los diálogos que conectan a los artistas con el público desde una narrativa auténtica y festiva. Además, ha coordinado con meticulosidad cada rider técnico de las agrupaciones participantes, conociendo al detalle las necesidades de sonido, luces y montaje que exige un espectáculo de altura.

Pero eso no es todo, Doménico también lidera los congresos técnicos con los músicos juveniles y mayores que se presentan en el certamen, haciendo de la formación parte integral del festival. Ha redactado innumerables textos promocionales para videos institucionales, comerciales televisivos y piezas de audio que se utilizan para proyectar el evento dentro y fuera del país. En todos estos frentes, su sello es el mismo, rigor, elegancia y amor por el oficio.
Sin embargo, más allá del técnico está el ser humano. Doménico, mi hermano de fraternidad, es servidor activo de la causa de Cristo, ha participado en más de 350 retiros de Emaús,su vida no gira alrededor del reconocimiento público, sino de honrar, alabar y dignificar a Jesús Resucitado. Por eso este escrito no busca homenajearlo con adornos ni elogios exagerados. Este artículo simplemente reconoce, con respeto y gratitud, su labor silenciosa pero inmensa. Como él mismo diría, su trabajo es su forma de servir, y, cuando se sirve con amor, con fe y con constancia, el fruto se multiplica.

En un país donde el espectáculo muchas veces eclipsa al arquitecto del escenario, vale la pena detenerse a mirar quién está detrás de la magia, sosteniéndola con vocación, entrega y humildad. Doménico Restrepo representa esa figura esencial que hace posible que la leyenda de Francisco el Hombre no solo se escuche, sino que se sienta, se respire, se viva.
Que este reconocimiento inspire a otros a trabajar con devoción, además para que la cultura regional valore a sus constructores y que sirva para que el nombre de Doménico, aún sin buscarlo, quede registrado como parte integral de una historia que seguirá vibrando con música, mística y memoria.
Vuelve el perro, Ah, Doménico, Como los zapatos. Un abrazo Hermano.







