
Este año nos sorprende el comportamiento atípico climático en la rotación de estaciones, siendo la más común el verano, que se presenta durante el 60 % de los 365 días del año, seguido por un invierno, unas veces corto, en término inferior a 70 días. En ocasiones, puede llegar hasta cuatro meses, entre los meses de agosto a diciembre. De la primavera y el otoño, poco se perfila en Colombia. Para el Almanaque Bristol, la primavera comienza en el mes de marzo, temporada en que caen unas lluvias ligeras, utilizadas por los campesinos para siembras, en especial maíz, yuca, ají, patilla, melón, fríjol, banano, cilantro y ñame, entre otros.
Se suponía que estábamos en verano, pero el día 2 de febrero, fecha de celebración de la Virgen Nuestra Señora de los Remedios, “Vieja Mello”, fuimos impactados por una bomba ciclón, cargada de agua durante todo el día y la noche. Que yo tenga conocimiento, en 70 años nunca se observó, ni siquiera un tiempo de lluvia; era día caluroso con sol radiante. Lo mismo opinaban personas mayores de 90 años.
La tormenta natural aguó los eventos programados para ese día especial religioso (2 de febrero), también utilizada como feria de negociación política, amenizadas con conjuntos vallenatos, combos y orquestas; en la que se miden fuerzas, mostrando asistencia de personal de cada aspirante a Cámara de Representantes y Senado, de diferentes partidos políticos, acompañados de invitados de diferentes lugares de Colombia, que concurren de manera habitual o esporádica a las celebraciones anuales, con fines más políticos que religiosos, implementado como tradición en el distrito de Riohacha, que recibió en esta última ocasión registradas más de 30 aspirantes al Senado de otros departamentos y unos cuatro precandidatos presidenciales. Las comidas preparadas para repartir a los asistentes, seguidores, militantes e invitados fueron regaladas a los habitantes de barrios que sufrieron calamidades por inundaciones de sus viviendas, que afectaron una gran cantidad de hogares en la capital de La Guajira.
El ciclón y tifón es lo mismo que huracán. Su denominación varía entre continentes, cuyo accionar es violento y devastador, de diversas categorías, que llegan a alcanzar durante activaciones físicas sísmicas de alto grado, originados por bajas presiones atmosféricas y transformaciones climáticas, que se forman como tormentas tropicales. Unas corrientes frías originadas en Centroamérica, con dirección al norte, fueron las causantes de las inundaciones por fuertes lluvias, afectando a por lo menos 20 departamentos, siendo el más maltratado el departamento de Córdoba, declarado en emergencia en el 80 % de sus territorios municipales. En condiciones casi como Córdoba están los departamentos de Sucre, Bolívar, Magdalena, Chocó, Cauca, Antioquia, Nariño, Putumayo, La Guajira, Huila, etc.

El valor cuantificado de daños y perjuicios colectivos, originado por fenómenos naturales y tormentas de lluvias en los distintos lugares del territorio nacional, no será inferior a USD 15.000 millones de dólares, por ocurrencia de pérdidas totales de sus bienes y enseres, medios de estabilidad de hogares familiares, que huyeron con la ropa puesta; no tuvieron tiempo de sacar nada porque la inundación los cogió de sorpresa, con los pantalones abajo; pérdidas totales, incluyendo cultivos de variedades de alimentos y crías de animales domésticos. Muchos han perecido ahogados, de los que se mencionan ganados: vacunos, bufalinos, ovinos, caprinos, cerdos y aves de corral.
Entre los 20 departamentos víctimas de la última tormenta sísmica se suma un 10 % de los habitantes de Colombia, que deben tenerse en cuenta, no solo para consuelo mitigado con paliativos y después abandonarlos. Se requiere de una declaratoria de Emergencia Económica para buscar recursos de regalías e impuestos transitorios, para que se destinen a solventar las necesidades básicas y garantizar restablecimiento familiar y apoyos económicos, técnicos y asistenciales; reactivación de operaciones agrícolas y ganaderas. Lo mismo para emprendimientos, actividades y servicios, sin descuidar la atención de salud general y psicológica.
Lo jodido del asunto es la corrupción imperante, que se apodera en forma abusiva, malvada y de mala fe de los recursos destinados a solventar emergencias y calamidades, a título de robos, como venía ocurriendo durante muchos años en la UNGRD, hasta que se estrellaron con las compras de carros tanque para La Guajira, ocasionando investigaciones penales a un montón de “servidores públicos”, destacando entre implicados ministros, directores y hasta congresistas, algunos encarcelados y otros fugitivos.
La UNGRD ha sido una institución manejada y administrada por depredadores, cuyos recursos presupuestales destinados para atender problemas urgentes de emergencia eran utilizados para distribuirlos en compras de votos a congresistas, retribuidos en contratos de obras ficticias, con prácticas de malas costumbres, condicionadas y extorsionadas, para garantizar la aprobación de proyectos de ley y reforma constitucional en Cámara de Representantes y Senado, cuyas operaciones causan desprestigio y descrédito, pero poco les importa a parlamentarios corruptos, que se enriquecen ilícitamente con conductas delictivas, que pasan por alto, fungiendo de hipócritas honorables y fingiendo de serviciales en el círculo político social, lo cual es engaño.
Como cambian los tiempos, el año pasado por esta temporada los embalses de las hidroeléctricas estaban en bajos niveles de producción, declarándose racionamientos del servicio de agua en Bogotá, amenazando apagones por sequías, requiriendo la utilización termoeléctrica, que implica incrementar el precio de kilovatios por costos de importación de gas. Las fuertes lluvias alcanzaron a rebosar el volumen de aguas de las represas, lo que podría ser posible un alivio para rebajar el valor de las facturas de energía, en la difícil situación que ha dejado la tormenta tropical.






